martes, 5 de mayo de 2009

Al Gobierno, a los inversores en plazo fijo, a mis colegas humoristas



Divito: De la publicidad a la edición propia gracias a un cliente visionario al que no seducía el plazo fijo y sí el impulso a la creatividad.

TODAVÍA HAY UN ESPACIO PARA LAS REVISTAS HUMORÍSTICAS DE PAPEL

Tal vez la revista “Rico Tipo”, boom de los años 40 del sigloXX, nunca hubiera surgido si Di Benedetto, dueño de la “Cabaña Santa Anita” (“Donde comerá casi tan bien como en su casa”) -cuya campaña publicitaria realizaba Divito, dibujante en éxito ascendente por ese entonces-, no se hubiera entusiasmado como para apoyar la idea de Divito de tener revista propia, aportando inicialmente 30.000 pesos moneda nacional.
Una revista humorística era por esos años una forma de inversiòn. Los que tenían dinero no pensaban exclusivamente en ponerlo a plazo fijo o en distintas formas de especulaciones financieras.
¿Se acabò la era de las revistas humorísticas de papel? ¿O se acabaron los creadores con capacidad para cubrir de humor atractivo una revista? ¿O se acabaron los “capitalistas” interesados en financiar a esos creadores?
¿Quién dijo que el internet fue la extremaución para las revistas “de papel”?
¿Acaso todos los que viajan en tren y/o colectivo, o los que hacen un alto junto a la mesa de un café, andan munidos de un note-book?
¿A cuántos les resultaría más placentero el viaje en tren o colectivo –sentados o parados- leyendo durante el mismo –como se hacía en los años 40- una revista como “Rico Tipo”, con humoristas del nivel de los de “Rico Tipo”? ¿Qué hoy no los hay?... ¿No los hay o no los llaman? ¿No los hay o no les dan la oportunidad de expresarse, como sí ocurría en la época de “Rico Tipo”?
¿A cuantos lectores frustrados hoy les gustarìa saborear ese café junto a la mesa de un bar, sonriendo o directamente riendo por alguna ocurrencia de los dibujantes y/o redatores de una revista como “Rico Tipo”?
¡Eran 250.000 ejemplares semanales, y a veces más!... En el peor de los casos serían (suponiendo lectores unitarios sin familia) 250.000 risas o sonrisas, entre una población muy inferior a la actual… ¿Hoy la gente no tiene ganas de reìr, o quienes podrìan hacerla reìr no encuentran quien financie su tarea?
¿Serán actualmente más tentadoras las especulaciones financieras y el plazo fijo que cuando Di Benedetto eligió aportar 30.000 pesos moneda nacional como capital inicial para una revista humorística?
El pueblo que reía o sonreía con “Rico Tipo” era un pueblo más feliz, aunque tenía casi tantos problemas como el de ahora.
¿Al gobierno no le conviene un pueblo más feliz? Porque si es así, debería instrumentar algùn sistema que al que dispone de capital le resultara más atractivo financiar una publicación, que especular en la Bolsa con ese mismo dinero.
La proximidad del Bicentenario sería una buena ocasión para revitalizar esta actividad que seguramente constituye una ya irrenunciable tradición argentina, desde los albores del siglo XIX: sin contar con las publicaciones iniciales y otras posteriores puestas desde un comienzo al servicio de combatir a un adversario polìtico, como hacían rosistas y antirrosistas, o como lo hacía el Padre Castañeda en defensa de la Religión, se tratara de federales o unitarios, se puede mencionar en muy incompleta y apretada síntesis: “La Moda” (gacetín semanal de Figarillo, seudónimo de Juan B. Alberdi), “Aniceto el Gallo” (gaceta joco-tristona y gauchi-patriótica, de Hilario Ascasubi), “El Diablo en Buenos Aires”, “El Zurriago” (diario de zumba y buen humor), “El Mosquito” (vigente desde 1863 a 1893), “Antón Perulero”, “La Tijera”, “El Bicho Colorado”, “El Gorro de dormir”, “El Cascabel”, “La Presidencia” (al servicio de la candidatura de Bartolomé Mitre), “Don Quijote” (con las caricaturas de Demócrito y Demócrito II que tuvieron en jaque a cinco Presidentes argentinos), “La Cabrionera”, “Caras y Caretas” (marcando ya la lìnea y la técnica avanzada del periodismo del siglo XX), “PBT”, “Pulgarcito”, “Arlequín”, “Fray Mocho”, “Don Goyo”, “El Conventillo Polìtico”, “Páginas de Columba”, “Caricatura”, “Cómicas de Araceli”, “Humorismo Mundial”, “Patoruzú” (vigente por 4 dècadas desde su aparición en 1936), “La Chispa cómica”, “Esculapiòn”, “Cara Sucia”, “Lindoro”, “Cascabel”, “Bichofeo”, “Rico Tipo” (la usada como ejemplo en este llamado de atención), “Don Fulgencio”, “Pobre Diablo”, “Tibor Gordon”, “Popurrí”, “El Trencito” (de la radio al medio gráfico), “Alpargatas Humoríticas”, “Descamisada”, “Pica Pica” (estas tres últimas al servicio de las nuevas ideas peronistas), “Cachaditas en Pocholandia”, “Fígaro”, “Avivato”, “Bomba H”, “Loco Lindo”, “Cuadernos de César Bruto”, “Cuadernos de Oski”, “Tric y Trake”, “Sucedió con la Farra”, “Cocodrilo” “Dinamita”, “Picardía Universal”, “Medio Litro”, “Tío Vivo”, “Cosquillas”, “Tía Vicenta” (el boom de la segunda mitad de la década del 50), “El clarinete de donia Emerenciana”, “La Revista Dislocada” (de la radio y la televisión al medio gráfico), “Dr. Merengue”, “4 Patas”, “Sancho”, “Tío Landrú”, “Abuelo Barbudo”, “Hortensia” (nacida en Còrdoba con proyección nacional), “Humor Cuadrado”, “Telecómicos” (de la radio y la televisión al medio gráfico), “Media Suela”, “Humoròn” (nacida en la ciudad bonaerense de Moròn con proyección nacional), “Mengano”, “Maleficón”, “Chaupinela”, “El Ratón de Occidente”, “María Bizca” (nacida en Còrdoba con proyección nacional), “Pitos & Flautas”, “Humor Registrado”, “Morisqueta”, “As de Bastos”… Podría seguir un rato largo mencionando publicaciones humorísticas que fueron surgiendo a lo largo de estos dos siglos que la Argentina tiene de vida como país; como puede verse, este género periodístico es una verdadera tradición argentina, una tradición que con el pretexto de las nuevas tècnicas, se nos está retaceando. Por eso le digo al Gobierno que fomente mediante disposiciones especiales el resurgimiento de las revistas de papel; por eso les digo a los que tienen un dinero ocioso y sòlo se les ocurre ponerlo a plazo fijo, que repitan la experiencia de Di Benedetto en 1944, convirtiéndose en artífices de nuevos boom periodísticos, que le rendirán más que el plazo fijo; por eso les digo a mis colegas que no nos sometamos exclusivamente a las nuevas técnicas y hagamos honor a los grandes humoristas que nos precedieron, con sus mismos elementos, arrancando al pueblo argentino risas y sonrisas, que hoy necesita tanto o más que en el pasado, y especialmente mientras viaja en tren o colectivo.
Gobierno, Capitalistas, Humoristas, no miren para otro lado; el próximo nuevo boom periodístico está en manos de esta trilogía.(Oscar Vázquez Lucio)