domingo, 4 de marzo de 2012

EL CARLOS G. GROPPA MENOS CONOCIDO

Allá por los años 50, Carlos Groppa y yo frecuentàbamos MEEBA (Asociación –ex Mutualidad- de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes, entonces, aún en su vieja sede de la calle Medrano 860, por la que entre otros había pasado Oski.

Por esas cosas que uno nunca termina de explicarse, recién tomamos contacto Groppa y yo, desde la distancia y más de cuatro décadas después, cuando él, instalado en Los Angeles (U.S.A.), se había convertido en editor de la revista “Tango Reporter”. Nuestro nexo fue por entonces el inolvidable Oscar Himschoot, editor de “Club de Tango”. Al menos quedaba justificado su lejano paso por MEEBA en los retratos de tangueros que publicaba en las tapas de su revista y firmaba Karlo,

Como no podía ser de otra manera, ese contacto tardío m,e convirtió en numerosas oportunidades en colaborador de “Tango Reporter”, tanto redaccionalmente como con humor gráfico, por ejemplo, la serie de Historietango.

Pero, bueno, todo esto es anecdótico; lo que me motiva a evocarlo es la intención de destacar una faceta no muy difundida de las actividades de Groppa, que juzgo puede interesar a muchos de los visitantes de este Blog. Es por eso que los invito a leer loque he rescatado de la labor de la labor de Carlos Groppa, en el libro “Breve historia del dibujo animado en la Argentina” por Raúl Manrupe (Libros del Rojas, Buenos Aires 2004).

Siulnas

González Groppa, puppet master

Es tal vez el más activo y exitoso animador de muñecos cuadro a cuadro de la década de 1960. Su trayectoria, rica en trabajos y logros internacionales, merece al menos una revisión. A pesar de todo esto, desde su partida del país en 1971, Carlos González Groppa ha sido sistemáticamente olvidado en reseñas y artículos periodísticos, salvo alguna proyección televisiva de Trío, su corto más conocido (En el 2002, durente el programa de ATC/ Canal 7, Caloi en su tinta, en cámara, el propio Caloi hizo un llamado a la audiencia solicitando información sobre González Groppa. La familia del realizador se contactó con el conductor y dibujante, pero en el ciclo nunca más se trató el tema).
Con veinte años había comenzado a meterse en el tema en 1955, inspirado por los Puppetoons de George Pal para la Paramount. Su interés lo llevó a aprender sin maestros: "me quedaban dos caminos, quedarme con los deseos de hacerlo o aprenderlo yo mismo", declaraba a la revista Ecran en julio de 1958. Su especialidad fueron los muñecos articulados, construidos en madera balsa, alambre y con pies de plomo, superándose a lo largo de una estimable cantidad de films "stop motion" de una duración de entre 3 y 4 minutos.
En ese período, también realizó cortos no de animación, que mencionamos en carácter informativo: Yo... y alguien (1957), premiada en el Festival Internacional de Bad Ems-Alemania 1958; El día, la noche (1958, a partir de la obra plástica de Libero Badi); Entre mar y mar (1958), Murales de Seoane (1959), El mundo plástico de Francisca de los Reyes (1959), etc..
Su labor fue intensa en cuanto a cortos animados: entre 1957 y 1958 fIlmó Cocktail, Harry, Hum!, Toy, ¡Oh, el amor, éste último combinado con acción en vivo, rodado en color y premiado por el Cine Club Argentino.
Ya en 1958, el citado Trío, con participación de la modelo chilena Alma Montiel, mostraba una agrupación de jazz integrada por piano, batería y contrabajo, con instrumentos de silueta apenas sugerida por alambre. El corto, realizado en 16 mm, recibió premios en los Festivales Internacionales de Carcassone, Cannes, Monte Catini y Rapallo. Por su trabajo comenzó a ser reconocido como el primer realizador en Argentina de películas de muñecos animados y sus cortos se pasaron por Canal 7.
En la misma temática musical, Frank (1959), también recibió medalla de plata y mención de honor en Cannes, y menciones en Carcassonne y Olbia (Italia).
Su filmografía continuó con Magia (1960), Misty y Herb (1961), Dos (1962), con un nuevo premio en Cannes, y Ugu (1962).
Paralelamente, abrió su productora de cine publicitario Producciones González Groppa y comenzó su sueño de realizar series de TV en con actores para una venta al exterior nunca concretada.
De ese esfuerzo, que hoy resulta al menos curioso y admirable, quedarían los pilotos de tres series: Lisandro Sosa, matrero (1960), gauchada con Pedro Aleandro como protagonista; Cámara 4 (1964/5), ambiciosa serie de aventuras de un libretista en busca de historias reales, protagonizada por Carlos Muñoz, Irene Roux y Eduardo Vener. Con el foco puesto en el mercado de los EE.UU., país que González Groppa visitó por primera vez en 1964, estaba ideado como un ciclo de treinta y nueve episodios, con primeras figuras invitadas. Su último piloto, de una hora de duración y ya bajo el influjo pop sería Diamantes Envasados (1969), historia de espionaje rodada en inglés y protagonizada por el entonces muy conocido y bondiano modelo Eleodoro Lozzi, junto a Marta Cerain, Jorge Landó y Eduardo Vener. El director recuerda que el INC consideró el proyecto como "muy violento" y prohibió su exhibición.
En 1962, consiguió algo que hoy puede sonar imposible: El show de Mario Clavel, emitido por el Canal 7 de Buenos Aires, incluyó semanalmente un corto especialmente producido por él. Los muñecos con instrumentos transparentes, interpretaban distintos temas musicales, siempre con preferencia por el jazz. El repertorio incluía música de Stan Kenton, Duke Ellington, Benny Goodman, Nat King Cole, Harry James, Ray Conniff, Count Basie y la intervención de humanos -preferentemente caras bonitas- como Lolo Prat, Alma Montiel, Martha Valdez, Ilda Guzmán, etc. La ambientación era tanto en escenarios diseñados a tales efectos como en exteriores de parques, la calle, terrazas o interiores en locaciones.
Esa primera mitad de la década tuvo en González Groppa a un referente del cine de animación con muñecos, con empresa propia en la que produjo y dirigió cortos publicitarios.
Combinando lo artístico con lo comercial, en 1966 llevó a la televisión por Teleonce y con salida al aire dos veces por semana durante seis meses, a los personajes de Landrú, por única vez como muñecos. El objeto era vender publicidad por medio de una pequeña situación que sirviera para incluir menciones de marcas y productos. El proyecto, de un resultado encantador en la realización de los personajes y su espíritu, se llamó Lo que el viento se Landrú. Contó con escenarios dibujados por el propio creador de Tía Vicenta y los muñecos reprodujeron fielmente a la Tía, María Belén, El señor Porcel, El Señor Cateura, Alejandra, Chonchón y otros seres nacidos en la mítica revista Tía Vicenta y su continuadora en la censura María Belén, en un raro caso de adaptación que se encuentra a la altura del original plano e inmóvil del humor gráfico.
Su último gran intento en la Argentina es otro ambicioso proyecto, en 1969, en un momento en que tanto las series inglesas de Gerry Anderson como la llegada de María Perego y su Topo Gigio, ponen en la consideración masiva el empleo de muñecos. Pensado para un público infantil, Gordon Venuti era el nombre de un investigador privado genial, anteojudo, corto de vista y rodeado de aventuras y hermosas chicas. El libreto estaba a cargo de Carlos Basurto y la música era de Horacio Malvicino. Filmado en color, en capítulos de siete minutos, estuvo idealmente proyectado tanto como serie televisiva como para su explotación en cines y posible comercialización exterior a cargo de la Paramount. Se realizó un episodio piloto La bomba de talco. No obstante, Gordon Venuti quedó sólo en eso. Desalentado y con ganas de ver concretados sus proyectos, González Groppa decidió entonces probar fortuna en México, donde se instaló en 1971. El comienzo pareció darle la razón: siempre con su técnica y sus muñecos, entre 1972 y 1974 pudo realizar finalmente un largo metraje y color, inspirado en Homero: La Odisea de los Muñecos. Producido por la Dirección General de Educación Audiovisual del país azteca, el film fue vendido a distintos países, pero hoy se encuentran muy pocos datos sobre el mismo en las fuentes habituales de historia del cine mexicano. En México D.F. se exhibió, al menos dos veces, en agosto y septiembre de 1975.
El fracaso en la explotación de la película y una suma de desencantos, lo convencen de "que el cine no se había hecho para mí" (entrevista telefónica con el autor, noviembre de 2003). Lentamente la literatura fue reemplazando al cine. Así, durante años se dedicó a ser el guionista del programa “Los especiales de Silvia Pinal” para la TV mexicana, y a adaptar clásicos de la literatura para televisión (El desprecio, El príncipe idiota, Viñas de Ira y otras). Además, la Editorial Diana de ese país le edita los libros Humor para melancólicos y Desnúdese, madame.
En 1978, cansado del modo de vivir en México y la falta de espacio para sus proyectos, decidió viajar a Los Angeles donde se radicó, para dedicarse de lleno a la labor periodística, escribiendo comentarios de música, hasta que finalmente, en 1966 funda y dirige la revista especializada Tango Reporter, firmando como Carlos G. Groppa, revista que aún sigue publicando.
Como especialista y siempre cercano a la música, a su vez sus comentarios sobre tango, jazz y cine son publicados en diversos medios de los EE.UU., tanto en español como en inglés, siendo además autor de la novela La mujer que quería asesinar a Hitchcock (editado en la Argentina) y de un libro sobre la historia del tango en los EE.UU. (The Tango in the United States, a History, McFarland, Jefferson NC, EE.UU.).
Actualmente vive completamente alejado del mundo del cine de animación, lo que no le impide seguir siendo el más importante realizador en la materia que haya habido en la Argentina●