sábado, 25 de agosto de 2012

A cuantos me han enviado Datos ahora o alguna vez anterior, para figurar en el Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Humor gráfico y escrito en la Argentina


Si algo me gratifica en mi tarea –que no empezó ahora, sino en 1985, cuando publiqué, a través de Eudeba, mi Historia del humor gráfico y escrito en la Argentina, en dos tomos (el segundo de los cuales apareció en 1987), es que muchos de los que me hicieron llegar datos entonces, me los actualizan ahora.
Y ello me gratifica porque me demuestra que siguen creyendo en lo que vengo haciendo desde hace 27 años; sé que para no pocos, el tiempo transcurrido debe parecer mi sueño irrealizable. Muchos humoristas de los aún vigentes cuando inicié esta investigación, lamentablemente no pueden ya verificar que su envío de datos no había sido en vano.
¿27 años es mucho tiempo para completar un Diccionario? Acaso lo sea para una organización constituida al respecto. Pero este Diccionario –primero, único e indispensable- es producto de un realizador único, sin apoyo económico ni beca alguna para poder dedicarse exclusivamente a su realización, que ama la profesión a la que ha consagrado casi siete décadas de su vida –toda su vida profesional-, y valora plenamente tanto a sus colegas de todos esos años como a quienes anteriormente marcaron el camino, tan desdibujado como los nombres de muchos de ellos, que merecen ser rescatados más allá del esfuerzo que eso signifique.
Estoy trabajando en la etapa final de mi tarea (por primera vez puedo pensar en meses en vez de años): desarrollando redaccionalmente los datos acumulados en todo este tiempo, con la desinteresada colaboración de muchos dispuestos a aportar lo que cada uno recordaba o conservaba testimoniado en alguna revista, diario o recorte que en su momento se salvó del cesto de papeles o del “botellero” (como se conocía antes a los cartoneros). No importa cuán poco se consiga de algunos; sí importa que se consiga al menos algo de todos. La mayor cantidad de líneas que tengan las referencias de algunos, en relación a las de otros no constituirá un desmerecimiento para estos últimos, sino la consecuencia de la imposibilidad de haber obtenido más datos. No tomarlos en cuenta para el Diccionario, por tal circunstancia, no haría más que acentuar la deuda que con ellos tiene la posteridad por lo poco que se ha conservado o rescatado; rescatemos al menos, sus nombres –o seudónimos- aunque no podamos rescatar la mayor parte de su obra.
Un Diccionario del humor gráfico y escrito en la Argentina, para que no sólo en la Argentina sino en el resto del mundo sus artífices sean reconocidos justicieramente, puede ser la tarea ímproba de una sola persona, aunque ello le lleve 27 años y algunos meses, pero tanto tiempo no bastaría sin contar con la buena voluntad de quienes han estado en contacto con humoristas –colegas o familiares-, hasta los que no tuve oportunidad de llegar, por tiempo o por distancia.
Oscar Vázquez Lucio (Siulnas)