viernes, 29 de marzo de 2013

MANUEL GARCÍA FERRÉ

Junto con España, había quedado atrás aquel estudiante de Bellas Artes que se inclinaba por la pluma y la acuarela. Corría el año 1952, y ya en la Argentina afloró en Manuel García Ferré el bachiller que caricaturizaba a hurtadillas a los profesores, surgiendo su primer personaje Pi-pío (obviamente un pollo, aunque aventurero), al que luego secundaría Calculín con su melena en forma de libro abierto.
Su dibujo era poco convencional, quizás de trazo demasiado audaz para la infancia de esa época. Pero esa infancia y las que le sucedieron aceptaron la propuesta y en 1963 llegaría el personaje consagratorio en quien muchos creyeron ver la autocaricatura del autor (y él mismo no rechazaba la posibilidad de que su subconsciente lo hubiera traicionado): Anteojito, a quien secunda su tío Antifaz, un muñeco inverosímil hasta por el antifaz que en los dibujos convencionales sólo admitiríamos en los ladrones en plena tarea. Estos personajes hicieron el camino inverso, ya que entraron por la publicidad y desembocaron en la historieta.
A partir de Anteojito, el éxito es constante y la televisión hizo su parte con el lanzamiento de Hijitus, Larguirucho y Petete. Ya para entonces, Anteojito era lo bastante popular como para protagonizar un largo metraje que el público menudo –y el no tan menudo- conocieron en 1972.
Pero Anteojito tuvo una virtud más: demostró a García Ferré y a sus colaboradores que estaban en condiciones de competir en tecnicismo con las películas de dibujos animados que llegaban del extranjero; el entusiasmo prosiguió y tres años después se presentó “Trapito”…
Esto es lo que escribí sobre Manuel García Ferré en setiembre de 1980, en mis comienzos como historiador del humor, para un suplemento especial titulado “Radiolandia 2000 y el humor en la Argentina”; sobre la labor de García Ferré en los 33 años restantes, ya se han ocupado, como era de esperar, todos los demás. Yo quisiera quedarme con esta semblanza que surgió de mi encuentro personal con él, y que pudo leer algunos días después. Las necrológicas no son para los creadores cuya obra se sigue disfrutando…
Siulnas