sábado, 20 de septiembre de 2008

Los 80 años de Patoruzú

El 19 de octubre se cumplen 80 años de la primera aparición de Patoruzú. Lo hizo ese día, en 1928, en el diario “Crítica”, y su permanencia allí fue fugaz, porque después de compartir el sábado 20 más de dos tercios de página del vespertino junto con el personaje protagónico, Don Gil Contento, desapareció junto con éste de ese diario, reapareciendo dos años después en la tira de Julián de Montepío, que su autor había empezado a publicar en el diario “La Razón”, al dejar el diario de Natalio Botana.

En “Crítica” –diario por el que pasaron los más destacados dibujantes a lo largo de su medio siglo de existencia– Dante Raúl Quinterno, un joven dibujante nacido el 26 de octubre de 1909, había sido discípulo del célebre caricaturista Diógenes Taborda, más conocido como “el Mono Taborda”.

Desde los 15 años de edad, Quinterno ha estado incursionando en distintas publicaciones sin limitarse, en un comienzo, a lo humorístico, ya que es posible hallar numerosas tapas e ilustraciones “serias” realizadas a pluma o acuarela, en “Mundo Argentino”, revista en la que, en 1926, comienza a publicar uno de sus personajes que se mantendría vigente hasta los primeros años de la década del 80: Don Fierro, que en un principio se llamó Don Fermín.

Previamente, Quinterno había creado otros personajes que fueron menos duraderos, como Manolo Quaranta, publicado en “La Novela Semanal”, o Panitruco, en “El Suplemento”, que dibujaba sobre guión del entonces estudiante de arquitectura Carlos Leroy, y al que el dibujante me calificó oportunamente, como su “primer balbuceo en el campo gráfico periodístico”.

NACE UN PERSONAJE

El miércoles 17 de octubre de 1928, en la cabecera de la página 5 del diario “Crítica”, a la manera de una información periodística, se consigna a dos columnas: “Don Gil Contento adoptará al indio Curugua-Curiguagüigua”, explicando que se trata del último vástago de los “tehuelches gigantes” que ha quedado desamparado ante la muerte de su tutor y patrón, tío de Don Gil Contento, quien se hará cargo por respeto “al postrer deseo de su difunto tío”. Al día siguiente, ya en forma de aviso, se recuerda la inminente aparición del personaje, que se concreta un día después, el viernes 19. En el primer cuadro de la tira de Don Gil Contento asoma desde un tren de carga Curugua-Curiguagüigua, quien saluda a su nuevo tutor en un indefinido dialecto:

¡Guagua! ¡Piragua! ¿Vos sos meu tutor, chei? ¡Curugua-Curiguagüigua te saluda!”

Y Don Gil Contento responde:

¡Por fin llegaste, Patoruzú! ¡Te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas!”

¿Por qué ese cambio de nombre sobre la marcha? ¿Estaba previsto que Don Gil Contento desestimara arbitrariamente el nombre impuesto por el propio autor al personaje que habría de acompañarlo en la tira? Por supuesto que no; el periodista Mariano Juliá, quien conociera a Quinterno durante el paso de ambos por la Editorial Atlántida convirtiéndose después en uno de sus más estrechos colaboradores, clarificó el episodio: “Muzio Sáenz Peña, maestro de muchos grandes periodistas, le dijo: “No, con ese nombre no va a ningún lado; tiene que buscar un nombre pegadizo, ¿quién se va a acordar de Curugua-Curiguagüigua?”… Y había en aquella época la pasta de oruzú, que se compraba en la farmacia y comían los chicos… Pasta oruzú… Patoruzú… Y quedó Patoruzú…” Pero la historieta, con Patoruzú, sólo llegó a publicarse dos días en “Crítica”: el primero, en una sola tira que sirvió para presentar al nuevo personaje y a un avestruz de nombre Carmela, que lo había acompañado desde Chubut; el segundo día, por ser sábado –de acuerdo a una característica del diario, que dedicaba alternadamente cada semana un espacio mayor a una de sus historietas– se publicó abarcando más de dos tercios de la página. En los 13 cuadros de ese día, Patoruzú se familiariza con algunos elementos de la “civilización”, como la electricidad, que según su tutor, había sido “descubierta por Cristóbal Colón”; también ese día Don Gil Contento se entera que el indio trae en su equipaje numerosas pepitas de oro a las que considera “carocitos con briyito” y finalmente van a parar al buche de Carmela, ante la desesperación del protagonista habitual de la historieta, que se lamenta:

¡Qué injusto es el mundo!… ¡Tanto oro en manos de un indio tan bruto! Y del buche de esa zancuda pateadora, ¿quién la saca?

Esa será la última visión que de Don Gil Contento tendrán los lectores de “Crítica”, pues tanto él como Patoruzú desaparecen abruptamente del diario, ya sea por desacuerdos salariales, o por una oferta más interesante de otro vespertino, pues 26 días después, Dante Quinterno aparece firmando en “La Razón” la tira Julián de Monte Pío. (Siulnas / Parte de este artículo ya fue publicado en “Oficio Gráfico” en octubre de 1988, con motivo de los 60 años de Patoruzú).

Próxima entrega: El retorno de Patoruzú

2 comentarios:

LaNuez dijo...

Excelente maestro Siulnas.
Saludos
Javier Prado

Siulnas dijo...

Gracias por su apreciación. De todos modos, aún queda mucho por decir respecto a este personaje, y trataré de hacerlo antes de su 80º cumpleaños.
Siulnas