domingo, 30 de enero de 2011

MI CITRÖEN 2CV Y YO, PERSONAJES DE HISTORIETA


En ese año de 1967, estimulado por mi familia y por los viajes cada vez más incómodos que me brindaba el Ferrocarril Sarmiento (al cual no obstante, debo estarle agradecido porque me dio tema para más de una página humorística), me decidí a comprar un 2CV, estimulado también por aquello de que era “el coche ideal para los que no saben manejar”.
Hice toda la operación en una concesionaria que entonces había en Morón, donde trabé amistad con el vendedor –Dalmiro Fernández– quien por la noche integraba el elenco del Teatro local. Así surgió también la idea de preparar un libreto para televisión (a pesar de todo, reincidí), con el que él y algunos de sus compañeros tratarían de interesar a algunos directivos del ambiente.
Como suele ocurrir en estos casos, el programa quedó en la nada, pero yo mantuve mi amistad con el vendedor-actor, en tanto había comenzado a experimentar las delicias de viajar en mi propio coche sin problemas de trenes atrasados o cancelados.
Cada vez que lo veía por fuera, lo que ocurría diariamente al abordarlo para viajar hasta la Editorial y para regresar a casa (de vez en cuando, también cuando lo lavaba), acudía a mi mente una imagen que se me grabó de niño. En la contratapa del Nº 2 de “Patoruzú”, de diciembre de 1936, cuando yo tenía 4 años, apareció un aviso dibujado por Dante Quinterno para Shell Motor Oil, en el que se veía una chica sonriente mostrando en su mano en alto una lata del lubricante promocionado, mientras un coche humanizado se “paraba” en dos ruedas, en un gesto que recordaba al de los perros que van a recibir un sabroso hueso.
Esa imagen de aquel cochecito que miraba con vivacidad a través de sus faros y sacaba la lengua por la parrilla para relamerse permanecía en mi subconsciente y comenzó a reavivarse con ese diario encuentro; es que en realidad, el 2CV no era un coche, sino la caricatura de un coche, y como toda buena caricatura, más humana que un retrato.
¿Realmente los especialistas que buscaban afanosamente el auto francés mínimo, no habían imaginado una cara al diseñar su trompa? Tal vez, ellos no; pero yo, sí.
Así se convirtió mi 2CV en un personaje de historieta, una historieta que entonces no tenía destino, porque yo sólo había querido satisfacer mi inquietud de caricaturista.
Pero se la mostré a Dalmiro Fernández, y Dalmiro Fernández se la mostró al inspector zonal de Citroën, y el inspector zonal de Citroën la mostró en la mismísima fábrica, o mejor dicho, en el departamento de publicidad de la fábrica, donde fue apreciada por Antonio La Banca, a quien el personaje de cuatro ruedas entusiasmó al punto de derivarlo a la agencia que les atendía la cuenta, para que estudiaran la posibilidad de utilizarlo en alguna campaña. Pero a la agencia no le agradó la idea de incorporar un elemento que no estuviera totalmente controlado por ellos, y la historieta volvió a mis manos después de recorrer lugares insospechados.
Sin embargo, La Banca había quedado muy impactado con ese personaje y no se daría por vencido hasta encontrarle ubicación. Poco tiempo después me llamó para discutir la posibilidad de incluir la historieta en una revista institucional que bajo su dirección, la empresa había comenzado a editar.
Cuando me mostró la revista, afloró la otra parte de mi doble personalidad de humorista y diagramador, y le señalé algunos detalles que a criterio mío, restaban calidad a la publicación. No recuerdo cómo de ese comentario al pasar, al término de la reunión me encontré comprometido a realizar un mono (en nuestra profesión, ésta es otra de las acepciones de este término; en este caso, un “mono” es el facsímil de una revista armada –hasta el advenimiento de la computación para esta actividad– con fotos y textos recortados de otras revistas, permitiendo visualizar mejor el proyecto) y a conseguir presupuestos de distintas imprentas.
Alguien me mostró unos trabajos de “Aranel” –un taller de impresión ubicado al 1400 de la calle Salguero–, cuyo nivel de impresión me pareció óptimo para la revista que yo imaginaba, y me entrevisté con el gerente general –Santiago Méndez Majo–, quien al enterarse de la importancia del cliente, se mostró favorablemente dispuesto a discutir precio y condiciones, trasladándose a la fábrica instalada en Barracas, todas las veces que fue necesario.
La historieta “Siulnas maneja” (título elegido por La Banca a propuesta de Esteban Peicovich, que se encargaba de la redacción de la revista bajo el seudónimo de Alexis Max) comenzó así en “Mundo Citroën” modificada, que apareció poco después señalando ese cambio en el editorial.
Así fue como durante algún tiempo, yo fui uno más entre mis personajes de historieta, en parte por propia decisión, es cierto, pero lo que no estaba en mi ánimo era que el propio título de la historieta llevara el nombre del autor, lo que al parecer evaluaron positivamente, al menos dos jefes de redacción.


EL 2CV, PROTAGONISTA DE UN CORTOMETRAJE

El 2CV humanizado tenía una vivencia especial para mí, ya que me acompañaba diariamente durante 60 kilómetros entre ida y vuelta, y muchos más cuando viajaba a lugares de turismo. Por ello, además de la historieta, lo llevé al cine de animación, aunque en paso reducido (8 milímetros). Ello no impidió que mi cortometraje pudiera exhibirse con gran éxito, al público de la avenida Santa Fe, si bien tuve que trasladarme al Centro de Informaciones de la empresa, allí ubicado, con todo mi equipo de cine, ahora más pesado por tratarse de un equipo sonoro, pero menos difícil de llevar que años atrás, cuando me entrevisté con Bellizi, porque disponía de un transporte propio para hacerlo.
La película titulada “Por qué no me clasifiqué en las 24 horas Citroën” (en realidad la había realizado para justificar la utilización de varios metros de película filmando en el Autódromo esa, para mí, aburrida competencia), incluía varias escenas con maquetas animadas, realizadas posteriormente, y entusiasmó a los directivos de la empresa, aún más que en su momento la historieta, pero lamentablemente, intereses creados de una y otra parte y las “trenzas” de siempre, alejaron la posibilidad de que mi creatividad fuera bien aprovechada, aunque se aprovechó el camino que yo había trazado.

Pero esa parte de la historia la vamos a dejar para el libro de Memorias a publicar.
Siulnas

5 comentarios:

Fernando Sosa dijo...

Hola Siulnas,me siento identificado con esta entrada,ya que fui un feliz poseedor de un citroen 2cv.Me hizo renegra algunas veces peor cuando lo cambié senti nostalgia verdadera,como la que uno siente por algo muy querido.
Con decir que despues no volvi a repetir la experiencia nunca mas decepcionado de los otros coches que em tocaron en suerte :)
Saludos maestro y siempre un gusto visitar su blog y leer sus entradas.

Belga dijo...

Muy buen relato. Sería interesante poder ver el corto.
Gran auto el 2cv!!!!!

cedamott dijo...

Couldnt agree more with that, very attractive article

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Anónimo dijo...

EXCELENTE HISTORI! YO TENGO UNA MEHARI HERMANITA DEL 2CV ASÍ QUE ENTIENDO MUY BIEN DE LO QUE HABLA! GRACIAS POR CONPARTIRLA, EN FACEBOOK TENEMOS UN PAR DE GRUPOS , LATÍR BICILINDRICO Y LOCOS POR LA MEHARI, POR SI QUIERE CONOCERNOS Y VER IMAGENES DEESTOS COCHES HERMOSOS! SALUDA EDUARDO

Siulnas dijo...

Al poseedor del Mehari le digo que también de este vehículo, y para la misma revista, me ocupé humorísticamente. Si se traslada a lo último publicado este 6 de abril de 2012, verá de qué se trata.
Siulnas