viernes, 12 de agosto de 2011

El humor que hace 146 años indignó a la mujer y hoy la hace sonreir

Me llena de satisfacción el surgimiento de nuevas candidaturas femeninas a distintos cargos, y considero que los votantes, este 14 de agosto deben allanar el camino para que toda mujer capaz tenga su lugar en la política enfrentando el machismo de ciertos políticos, que por esa condición actúan más como “contreras” que como opositores, como lo han estado demostrando ante la positiva tarea de Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
De todos modos, convengamos en que mucho hemos avanzado en poco menos de un siglo y medio. El 29 de octubre de 1865, en el periódico satírico “El Mosquito”, bajo el título “La mujer, sus derechos, sus siniestros y otras legumbres”, se publicó la respuesta “masculina”, o para ser más precisos, “machista” –muy a tono para esa época-a la educadora argentina Juana Paula Manso de Noronha, tras hacerse eco el diario “La Tribuna” de Buenos Aires, de un artículo publicado en “El Independiente” de Chile, defendiendo los derechos femeninos.
“Grande ha sido nuestro asombro –comienzan expresando- al notar el poco caso que han hecho los diarios porteños, de los artículos en que el Independiente, de Chile, se hace el ardiente defensor de un sexo oprimido y esclavizado por la bárbara sociedad moderna.
“Algunos diarios solo se han ocupado de dichos artículos para condenarlos sin discutirlos.
“Ninguna voz se ha levantado para reclamar contra tamaña impertinencia.
“Ningún órgano varonil, ninguna elocuencia barbuda se ha hecho oír en este caso.
“La literatura en calzoncillos, ha guardado un profundo y culpable silencio.
“Pero en cambio, un contralto femenino se ha hecho oír discutiendo los derechos y los izquierdos del caso.
“Da. Juana Manso nos ha electrizado con el lucido artículo que publicara la Tribuna del 26, y después de ella nadie podrá subirse a la misma altura y considerar
la cuestión de un punto de vista tan elevado. Puede sacarse la escalera…”
Y agrega lo que en 1865 habrá provocado tanta indignación como sonrisas femeninas merecería ahora:
“…¡No Juana Manso, no! No serás sola en tomar la defensa del sexo a que perteneces!
“Te ayudaremos a hacer la mujer electora, elegible, empleada, etc., etc. La razón debe seguir su curso natural y es muy claro que la mujer tiene el derecho de elegir, tenga también el de legislar, de votar el presupuesto, de dirigir, reglamentar y administrar.
“En cuanto a la pretendida misión de la mujer, la negamos con toda energía.
“Los trabajos domésticos no son de ningún modo incompatibles con los deberes políticos y otros; solamente es de toda justicia que sean repartidos. El hombre será casero un día, la mujer el día siguiente, etc., etc.
“La inspección de la cocina, de la ropa sucia, de los remiendos, tocará alternativamente a uno y otro sexo. El cuidado de los niños será repartido del mismo
modo, excepción de los que la naturaleza, que sin duda no había pensado en los derechos electorales y políticos de la mujer, ha hecho apanage (sic) exclusivo de la hembra.”
Y enfatiza:
“Pero la reforma debe ser completa. Es preciso para bien sentar el principio, empezar con un gran golpe.
“Nuestro folleto propondrá la candidatura de una mujer para la Presidencia de la República, el gabinete deberá ser pollerudo y es indispensable que desde ya las mujeres sean representadas en todas las fracciones o clases del cuerpo social.
“Que entren en el ejército, en la magistratura, en la policía, en el sacerdocio…”
Se me ocurre que lo transcripto de “El Mosquito”, que hace 146 años hizo reír a los hombres, ahora hará sonreír a las mujeres.
Claro que la sonrisa actual está precedida por muchos años de lágrimas de impotencia, provocadas por un absurdo machismo aún no erradicado totalmente de muchas mentes masculinas (y lo que es peor, aún algunas femeninas), que en un pasado no tan lejano hasta negó a las mujeres “honestas” el derecho de gozar sexualmente a la par de su respectivo consorte.
Fue muy relativo el avance que significó la ley Sáenz Peña al aplicarse exclusivamente a votantes del sexo masculino; baste recordar la lucha de la doctora Alicia Moreau en obtener los mismos derechos para “la otra parte” del país. Gracias a sus justicieros testimonios, se saben los nombres de otras mujeres que la secundaron en esa lucha por entonces desigual: Belén de Zárraga, Sara Justo, Alicia Rawson de Dellepiane, Julieta Lanteri, Julia García Games… No les fue fácil: hubo que esperar que surgiera otra mujer con esas mismas ideas, pero con las posibilidades que sólo otorgaba la condición de esposa de un presidente con plenos poderes, como lo era en 1951 María Eva Duarte de Perón.
Hace 60 años, Eva logró lo máximo que entonces podía lograr la mujer de un Presidente con real poder, aunque acotado; su posterior renunciamiento a la candidatura vicepresidencial no era impuesto sólo por el avance de su enfermedad y la proximidad de su muerte: el machismo de quienes apoyaban y sostenían a Perón y el propio machismo de éste, fueron tan decisivos como el inoportuno -¿o lamentablemente oportuno para algunos?- cáncer. De todos modos, Perón ya había admitido lo que se reafirmaría con el tiempo: “Desde el comienzo me di cuenta de que estaba frente a un ser extraordinario –respondió al referirse a cuando había conocido a Evita-. A esto se le unía la influencia de cuanto había visto en Europa. Pensaba si ya no era hora de que la mujer interviniese en los asuntos argentinos, aunque más no fuera para demostrar que no lo harían peor que nosotros.”
Lamentablemente, Perón no tuvo el mismo olfato durante su exilio, y su tercera esposa, alguien sin capacidad personal para la importante tarea confiada, llegó de su mano a la Argentina para ocupar primero, el mismo cargo que 22 años antes le había sido negado a Evita, y después, la Presidencia de la Nación, ya sin él a su lado, sino con un custodio con sumos poderes que le dictaba las palabras a decir, casi como un ventrílocuo.
Antes de cometer esa fatal equivocación, Perón había expresado: “Siempre he intentado tener colaboradores, con sentido de la responsabilidad asumida, pero también con sentimiento, desde el momento en que la cosa pública no se maneja con computadoras.”
Eso es lo que esperaban quienes votaron a Cristina Fernández de Kirchner, con buen criterio “antimachista” (que no debe considerarse sinónimo de feminista), creyendo en la incorporación de la mujer a los mandos activos del país, procurándose a sí misma el espacio cultural y político, al que tiene derecho por su inteligencia y su sensibilidad.
Hoy en la Argentina, y otros países latinoamericanos, la mujer puede llegar a la primera magistratura sin necesidad de enfrentar al machismo de otrora. Pero hoy, igual que otrora, a menos que se haya propuesto gobernar como un Presidente que se autodefinió peronista y resultó el “anticristo” del peronismo, traicionando a los peronistas y a la Patria misma, gobernando para quienes –como bien lo detalló hace ya unos cuantos años, Enrique Silberstein en su libro “Los ministros de Economía”- defienden la prevalencia de sus ideas conservadoras, del liberalismo económico, de la exportación de productos primarios, de la importación de todo artículo, de la desvalorización monetaria para obtener mejores ingresos por las exportaciones, de la detracción del consumo popular, del obstáculo a todo avance del salario real, de la mayor protección de los capitales extranjeros, a los empresarios extranjeros, a los ejecutivos extranjeros… Debe enfrentar algo mucho peor que aquel viejo machismo: todo el poder de esos grupos tan bien organizados que en los últimos años monopolizaron la mayoría de los medios gráficos, radiales y televisivos para desinformar a la población y tratar de convencerla de que todos los males que aún aquejan a la República generados por ellos en años anteriores, son obra de esta Presidenta.
Los machistas del siglo XIX y parte del XX imposibilitaron por mucho tiempo la llegada de la mujer a los mandos activos del país desechando su inteligencia y su sensibilidad. Tal vez hoy están haciendo falta directamente “machos” surgidos del verdadero pueblo argentino para frenar la evidente conspiración que se viene gestando con la complicidad de los grandes medios de información (o desinformación) monopolizados, por parte de quienes fingiendo preocupación por la falta de seguridad, la pobreza y otros males que desestimaron o minimizaron cuando fueron gobierno, en realidad están interesados en defender como lo hicieron antes, como lo han hecho siempre, lo anteriormente transcripto que señalara Silberstein.

Oscar Vázquez Lucio