martes, 7 de abril de 2009

A quienes me preguntan dónde fue a parar el sentido del humor de la Universidad de Morón



Ilustración: Omar Lima Quintana, por Siulnas. 1976.


Muchos mails he recibido desde la publicación en mi otro Blog http://siulnaszapping.multiply.com, –al que pueden acceder desde aquí por link–, del artículo sobre la buena acogida que en los años 70, tenía la propuesta humorística de mi revista “Humorón” entre las autoridades universitarias de entonces (ver “Cuando en la Universidad de Morón se aprendía a reír”). Palabra más, palabra menos, todos los mails coinciden en la pregunta que unifico en el título de esta nota.
No puedo responder a esa pregunta; pero estimo que en una Institución, al igual que en el país, hay vaivenes acordes a la mentalidad de los funcionarios de turno.
No podemos hablar por lo tanto, del sentido del humor de una Institución, lo mismo que del sentido del humor del País, sino del de quienes detentan el respectivo poder en el momento que se caracteriza por la existencia de mejor o peor humor.
Durante la presidencia de Arturo Frondizi, existió el propósito –con decreto aprobado inclusive– de crear, en la ciudad de Buenos Aires, el Museo Municipal de la Caricatura. Sobrevino el derrocamiento de Frondizi y ya nadie se acordó de esa idea, que hubiera significado todo un avance; por aquellos días, el taquígrafo del Senado de la Nación y caricaturista Ramón Columba –autor gracias a esa circunstancia de “El Congreso que yo he visto” (obra en 3 tomos totalmente documentada con caricaturas)–, lamentaba en su último libro –“Qué es la caricatura”–publicado pocos meses antes de su muerte, que se considerara a la caricatura un arte menor, prejuicio definitivamente erradicado en la actualidad.
Sin embargo, a las autoridades siempre les ha preocupado menos que fuera o no un arte menor, que la posibilidad de que una caricatura pasara a mayores, como en el caso de la alusión a sus pilosidades que determinaron al Presidente de facto Juan Carlos Onganía, a disponer el cierre de la revista “Tía Vicenta”, por haber dibujado Landrú dos morsas muy contentas con el nuevo gobierno.
Aunque siempre siguió habiendo caricaturas, recién se la volvió a prestigiar a nivel oficial, durante la Presidencia del recientemente fallecido Dr. Raúl R. Alfonsín, cuando fui convocado para brindar asesoramiento para la realización de una exposición de caricaturas en el Museo de la Casa de Gobierno, incluyendo a todos los Presidentes desde Bernardino Rivadavia hasta el propio Alfonsín.
Y aunque después ya no hubo nuevas dictaduras, aunque sí algunas gestiones que dejaron mucho que desear, nunca más se repitió tal experiencia a nivel oficial.
Es que el destino de la caricatura está ligado al grado de tolerancia de sus destinatarios más directos. Por eso durante el mandato de Juan Manuel de Rosas –que interrumpe la era presidencialista, ya que es elegido gobernador, aunque con facultades extraordinarias y la totalidad del poder público– surge la caricatura política combativa a través de periódicos editados en Montevideo e introducidos clandestinamente en Buenos Aires por el propio autor de las caricaturas, que permanecía aquí: Antonio Somellera.
Después, ya reanudado el sistema presidencialista, el Presidente Domingo Faustino Sarmiento sería el “huésped” más asiduo en las páginas del surgido periódico satírico “El Mosquito”, al punto que no podía concebir su no inclusión en algún número, llegando a exigir al dibujante Henri Stein que lo caricaturizara “aunque fuera para desagradarlo”.
Sin duda, sería este un mundo mejor si para la designación de nuevos funcionarios, se tomara en cuenta mediante un test, su sentido del humor. Entre otras cosas, tendríamos sentencias más aplaudibles como la del ex-juez en lo correccional Dr. Néstor E. Panelo, al expresar, con motivo de la querella H. G. Belluci contra los directores de la revista “Avivato”: “La risa no se da ni en los dictadores, ni en los esclavos, y a mantenerla debemos contribuir todos con nuestra comprensión y tolerancia”.