jueves, 19 de enero de 2012

Germinal Lubrano, pintor del Tango y humorista del auténtico peronismo


Por Anamaría Blasetti

Pintaba un cuadro al óleo por día llevando realizados más de 700 con la misma temática: la que le inspiraban las letras de tango.

-Hágame tangos –le había sugerido Aguilar-; lo que se vende es el tango.

Y Germinal Lubrano se quedó pensando –sí, la emoción está en el tango- y le hizo caso, un poco para facilitarle la tarea a su marchand, pero también porque nunca había dejado de flotar en su mente, lo que una vez le dijera su amigo Edmundo Rivero:

-Los pintores argentinos no han pintado el tango…

Por eso la pintura de Lubrano se introdujo en la letra y el decir de Rivero, Gardel, Discépolo, Manzi, Contursi… Lo que ellos plasmaron en el pentagrama, patentiza la idiosincracia nacional, y el mérito de los cuadros de este pintor es haber captado con ductilidad plástica, la descripción clara y entendible de lo que autores e intérpretes expresaron con otro lenguaje pero idéntico sentimiento.

Ya para entonces, Lubrano era un pintor consagrado, figurando sus obras en colecciones particulares de España, Inglaterra, EE.UU., Uruguay, Brasil, Venezuela, Méjico, Israel, Chile, Perú y Centro América y numerosas exposiciones de óleos y pasteles de variada temática, no sólo a lo largo de la República Argentina, sino también, especialmente invitado, en la OEA y en el Banco Interamericano de Desarrollo. Ya para entonces había quedado muy atrás su actuación como dibujante humorístico, autor de personajes como Don Yacumín y Bien porteño, entre otros, y sus éxitos como empresario periodístico, con revistas como “Carnaval”, “Descamisada” y “Risueña”. Pero esta historia, extensa historia, hay que contarla desde el principio…

Fue su madre, Rosa Cortese, argentina y porteña, y su padre, Pascual Lubrano, nacido en Calabria, provincia de Italia; fabricante de calzado a medida, se regocijaba contándole a la gente las bondades que sus pies llevarían; forrados en badana en el interior, cosidos a la suela, cabritilla o napa exterior… pero todo en una perfección como sólo un verdadero artesano puede hacer…

Y así en el seno de ese hogar nació su hermana mayor, Lucrecia, y el 15 de setiembre de 1918 nacía el que luego sería, con el tiempo, uno de los más importantes pintores de la obra tanguera.

Desde pequeñito le fascinaba caminar entre las hormas de madera mil veces clavadas por su padre. En un pasillo largo había suelas enteras desde el piso hasta el techo; él pasaba su manito jugando con el borde de estas suelas que formaban un largo camino que él, por ser pequeño, veía más inmenso.

Una de las primeras cosas que hizo fue aprender a dibujar zapatos… ya cuando iba a la escuela primaria conocía perfectamente el dominio de la regla y el buen gusto en el calzado, pues su padre se lo había inculcado desde siempre. El Maestro se maravillaba hasta con el aroma del cuero.

En 1920 debido a problemas por ser anarquistas y luchar por los beneficios sociales, la familia optó por radicarse en Montevideo, Uruguay. Allí hizo la primaria y secundaria; luego pasó al Círculo de Bellas Artes, en plena avenida 18 de Julio. Germinal seguía trabajando como zapatero con su padre, aunque podía más en él el dibujo que la fabricación de calzado; él y su padre eran uno. Le hacía los moldes de los calzados en escala y los modelos le brotaban como al mejor y máximo modelista… Y tan solo contaba con 15 años de edad.

Añorando su lugar, impulsados por la madre, doña Rosa, se volvieron a Buenos Aires, más precisamente a Floresta, entre Olivera y Lacarra.

EL REGRESO

Nuevamente en la casa del barrio de Floresta, Germinal comienza a trabajar con un dibujante español, José Sánchez, quien tiene a su cargo la publicidad de la mueblería Maple y de Zapatos Tonsa, haciendo el dibujo del calzado terminado a tinta china; ¿quién más indicado para realizar esta tarea con idoneidad que ese muchacho que a los 13 años, por un lado lustraba zapatos ajenos, y por el otro ayudaba a su padre en el diseño de los zapatos propios, todo en el mismo local, donde además se vendían billetes de lotería y se ofrecía servicio de mensajería? Sin embargo, muy pronto, con sus inquietos 17 años en búsqueda permanente, recala en la redacción de la revista “Viva Cien Años”; allí, debidamente orientado, aprende a diagramar, un factor más a su favor para incursionar en el periodismo gráfico. Por otra parte, “Viva Cien Años” le servirá de puente para presentarse en la redacción de la recién aparecida revista “Patoruzú”, donde es atendido nada menos que por Luis Alberto Reilly, destacado periodista y cotizado libretista radial, quien con su proverbial buen olfato, vislumbró un promisorio futuro para ese joven. Y los dibujos de Lubrano ocuparon un lugar destacado en la flamante revista, junto a los del propio Quinterno, Poch, Divito, Ferro, Guratti, Muñiz, José L. Salinas… Hasta que le tocó hacer la conscripción (entonces era obligatoria y se hacía a los 20 años): a su regreso a la vida civil, la revista estaba con su plantel completo y en un plan de economía…

Pero lo que Germinal recordaba con más desazón de ese período, es la muerte de su madre. Su hermana entretanto, había contraído matrimonio, y su padre había reorganizado su propia vida.

Por entonces, Lubrano se muda a una habitación en un edificio ubicado en la calle Maipú, “justo arriba del Marabú”, como él acotara con cierto aire de picardía. Justamente aparece en esos días el matutino “Libre Palabra”, y aprovecha a presentarse con una tira con un nuevo personaje, aún sin nombre, que sobre la marcha es bautizado por Franchi, director del diario, como Don Yacumín, un viejito pícaro con las chicas que duró cinco años en la contratapa del diario y después se publicó sucesivamente en tres revistas que lo tuvieron a Lubrano como co-director: “Carnaval”, “Descamisada” y una con el propio nombre del personaje, que había emprendido a instancias de los revendedores de diarios.

Volviendo a comienzos de los años 40 cuando empezaba a imponerse Yacumín en el diario “Libre Palabra”, salió una nueva revista, “Estrellas”, en la que además de dibujos para la misma, se le encomendó que la diagramara.

Al mismo tiempo que Yacumín en “Libre Palabra”, publicaba en “El Pampero” una historieta titulada Bien Porteño, de cuyo protagonista aún recuerda el nombre: Robert Chapalamala. Después se sumaría su personaje Vivonet en una de sus revistas propias: “Risueña”.

Llamado para diagramar la revista “Boca…!” comenzaba a trabajar al finalizar el partido y seguía hasta las 4 de la mañana. Eso sí: más allá de aquellas largas jornadas de trabajo, le gustaba “vivir bien”:

-Siendo un típico muchacho de los ’40 –me llegó a confiar en el último reportaje que tuve la ocasión de hacerle- me agradaba vestir bien; por lo general usaba traje de casimir inglés, camisa con cuello almidonado que en ese entonces se vendían aparte y se mandaban a planchar. Usaba pañuelo de seda blanca; zapatos gamuza de nobuc, cabretilla, charol acordonado… Peinado a la gomina “a la cachetada”, tirando el cabello hacia atrás peinándolo desde la sien hasta la nuca! Ese peinado lo saqué de los muchachos milongueros del 40…

Efectivamente vivía bien aunque trabajaba mucho, pero si bien esto último no le preocupaba, sentía como un cargo de conciencia cuando se planteaba:

-Hay un club que no tiene revista, ¡y es el mío!

Así fue como nació la revista “Independiente”, que subtituló: “Los diablos rojos de Avellaneda”, de la cual llegó a vender 40.000 ejemplares.

EL NACIMIENTO DE “DESCAMISADA”

-En el año 45 yo estaba tomando café en un bar, y a través del vidrio veo pasar una manifestación… -recordó no hace mucho- Me llamó la atención un muchacho que iba con una camisa atada a un palo… Desde mi mesa lo dibujo y al terminarlo me doy cuenta que me ha salido un “logo”…

Sería algo más que un logo, porque a partir de esa idea nacería la revista “Descamisada”, una revista humorística favorable al naciente peronismo, cuyo primer número apareció el 22 de enero de 1946, cuando ya en el otro extremo, la revista “Cascabel”, se había volcado a la sátira política fustigando al peronismo y al gobierno de Farrell.

-Fue un éxito total; llegó a tiradas de 250 mil ejemplares…

Y Lubrano recuerda a quienes acompañaron este emprendimiento: dibujantes como Arístides Rechain, Clermont, Gonzalez Fossat, Calé (debutó en esa revista, recién llegado de Rosario), Délfor, Luzuriaga, Jorge Palacio, Franchioni, Dobal, Gigante, Andrino, Alfredo Betanín…; redactores como Jauretche, Gobello, Cano Carreras, Januche, Alcobre…

Sin embargo, aunque continuaba con la revista, Lubrano empezaba a sentir la necesidad de dedicarse de lleno a lo que sería su verdadera pasión: la pintura.

Los premios municipales de pintura, y los cuadros en colecciones particulares de distintos países, hablan por sí mismos.

Decididamente figurativo, los personajes humildes, la gente de la tierra y el barrio se aposentan en su pintura. El centenario de la Avenida de Mayo también fue parte de su motivación en los ’90.

Hasta que sintió que “Descamisada” debía volver y con ella el humorista comprometido, militante, capaz de oponer sus 91 años al periodismo hegemónico que a mediados de 2010 logró que quienes habían acordado la distribución a nivel nacional de la revista en su 2ª época, desistieran de hacerlo, por lo que las dos ediciones de 5.000 ejemplares cada una, llegaron al público gratuitamente por distintos medios, convirtiéndose en un verdadero legado político de un humorista que acaba de fallecer a los 93 años, este 18 de enero de 2012.

Con todo respeto

Anamaría Blasetti

anamariablas@yahoo.com.ar