lunes, 2 de enero de 2012

RETORNA UN HUMORONISTA DE LA PRIMERA HORA

Epígrafe del dibujo: Dólar naranja, por Haroldo Meyer.

¡Qué bueno es, después de casi cuatro décadas, recibir noticias ¡y un dibujo! de un colaborador de “Humorón”, que se define actualmente como “un humoronista de la primera hora”. ¡Y qué bueno es volver a tener hoy dónde publicar su dibujo… aunque ya no sea en papel! Aunque sí será en papel que podré referirme a él junto a los muchísimos humoristas gráficos de todos los tiempos, al completar mi Diccionario enciclopédico del humor gráfico y escrito en la Argentina, que tengo en preparación.

“Humorón” representó mucho para mí: por un lado, concretar con un éxito mucho mayor que el imaginado, el sueño de la revista humorística propia, como lo habían hecho Dante Quinterno, José Antonio Guillermo Divito, Lino Palacio, Faruk, y Landrú, entre otros. Después, con el “rodrigazo”, el “cafierazo”, el “mondellinazo” y el “martinezdehozazo”, la gran desazón que tuvo finalmente una evolución favorable, convirtiéndome en historiador del humor.

Hubo un interregno en el que descubrí esta nueva vocación. Fue cuando tratando de recuperar mis alicaídos recursos económicos, recomendado por periodistas gráficos colegas, comencé a trabajar como diagramador en un diario que necesitaba un diagramador, destinando mi tiempo ocioso a escribir en una Remington en desuso, mis Memorias, más como catarsis que con otras pretensiones… hasta que descubrí que mis memorias eran importantes, no por lo que podía decir de mí, sino por lo que tenía para decir de toda la gente que había conocido a lo largo de mi vida…

Como lo señalo en esas Memorias (aún inéditas), “el diario en cuestión era ‘Convicción’, señalado como ‘el diario del almirante’ o, más específicamente, ‘el diario de Massera’. Yo nunca lo vi por la redacción, aunque supongo que quienes dirigían el diario tendrían directivas suficientes como para no necesitar su presencia allí.

Tampoco me preocupaba averiguarlo; no era la primera vez que me tocaba trabajar en épocas de dictadura militar (aún no habían trascendido los métodos de esta última, que la diferenciarían de las anteriores), y en esas ocasiones, salvo contadas excepciones, lo que se publicaba en los distintos medios no difería mucho entre sí.”

Yendo al motivo central de este testimonio, que puede resumirse en que aunque aún no me había dado cuenta, estaba naciendo el Siulnas historiador, voy a transcribir textualmente la parte registrada de mis recuerdos inéditos que marcarían definitivamente mi futuro como historiador del humor:

“La primera confirmación de mis aptitudes para serlo, me la brindó Elisabeth H. de Medrano, (viuda del creador de los “Grafodramas”), a quien no conocía y sin que ella lo sospechara.

Todo empezó un día de agosto de 1979, cuando se me ocurrió escribir algo a propósito del 5º aniversario del fallecimiento de Luis J. Medrano. En base a los recuerdos personales y a la documentación con que contaba, escribí 3 carillas y se las ofrecí a León Epsztein –editor coordinador de “Convicción”–, con quien hasta ese momento sólo había tratado como diagramador.

Interesado en la nota, se la propuso a Ernesto Schóó para la sección Artes y Espectáculos, de la cual éste era editor, pero Schóó la desestimó argumentando que ya tenía mucho material. Epsztein no se conformó con esta respuesta y el día 29 –fecha del aniversario evocado– publicó mi nota en la contratapa del diario, que sí dependía de él.

Algunos días después se acercó a mi escritorio con una carta en la mano y un sobre abierto que consignaba “Sres. Diario Convicción, Sr. O. E. Vázquez Lucio, Gral. Hornos 279, Capital”.

–Esta carta tiene que tenerla usted –me dijo, y esperó que la leyera:

“Sr. O. E. Vázquez Lucio:

“Estimado Sr.: le escribo estas líneas en mi nombre y el de mis hijos para agradecerle profundamente el artículo que escribió Ud. con motivo del 5º aniversario de la muerte de mi marido.

“Leyéndolo comprendí que conocía Ud. íntimamente a Medrano y por esa razón quisiera tener el honor de conocerlo personalmente.

“Será una alegría para nosotros recibirlo en nuestra casa. Quiero hacer extensivo mi agradecimiento al Sr. Hugo Ezequiel Lezama que hizo la publicación posible…”

A continuación consignaba un número de teléfono para que pudiéramos concretar mi visita. Firmaba: Elizabeth Hamschildt de Medrano.

Después, muchas veces mis notas sobre dibujantes o revistas humorísticas de otras épocas, ocuparían –siempre por decisión de León Epsztein– la contratapa del diario, pero ya para entonces mi necesidad de catarsis como humorista y editor había empezado a ser eclipsada por una especialización creciente en la historia del humor argentino.”

Bueno, bueno… no tenía previsto traer esta evocación, reservada a “Mis Memorias, antes que me olvide”, que acaso alguna vez halle un editor, pero me motivó ese “humoronista de la primera hora”, como se definió Haroldo Meyer, a la vez que me hacía llegar un dibujo de su autoría, como en los buenos tiempos de “Humorón”.

Gracias, Meyer, por este envío y esa “alineación”.

Siulnas